3.11.24

ARMANDO PALAU ALDANA
¡Salimos a deber los ambientalistas!
Disertaciones del Crepúsculo


Cali, 3 de noviembre de 2024



Culminó la dieciseisava conferencia de los países parte del Convenio sobre la Biodiversidad, que se prolongó hasta las primeras horas de la mañana del 2 de noviembre (siendo suspendida por falta de quorum). Hagamos un balance previo, esperando los documentos oficiales que emitirá la Secretaria Ejecutiva de la COP16 (Astrid Schomaker), para conocer posteriormente en detalle el alcance de las decisiones accesorias, pues las principales siguen sin concretarse desde la Cumbre Río de Janeiro en 1992.

En efecto, la Conferencia sobre Medio Ambiente y Desarrollo en la que se aprobó el Convenio sobre Diversidad Biológica, determinó en su primer artículo como objetivos: la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos, mediante, un acceso adecuado a ellos y una transferencia apropiada de las tecnologías pertinentes, teniendo en cuenta los “derechos sobre esos recursos y tecnologías”, mediante una financiación apropiada.

O sea, llevan 32 años en la consecución de ese sofisma y pasarán otros tantos y nunca se logrará, sin embargo, una buena parte de letrados y actores de la contratación estatal ambiental, creen que fue un gran logro, pensando que quienes no lo reconocemos y cuestionamos dicha mercantilización de la biodiversidad, somos unos leños atravesados en el camino impidiendo que el crisol del dinero resuelva la vertiginosa degradación de la diversidad biológica, por lo tanto, salimos a deber.

El instituto Humboldt publicó un informe en 2017, afirmando que la biodiversidad colombiana ha mostrado una disminución promedio del 18% (sin precisar el rango de tiempo), siendo la mayor amenaza la pérdida de hábitats naturales, por lo general, relacionada con la agricultura y la ganadería expansiva, degradación que se mimetiza con el hecho de ser nuestra matria primer lugar en especies de aves y orquídeas, segunda en riqueza de plantas, anfibios, mariposas y peces de agua dulce, tercera en número de especies de palmas y reptiles, y cuarta en mamíferos.

Sin embargo, salimos a deber los ambientalistas, porque seguramente no dejamos durante estas tres décadas que la gamonal gobernadora del Valle del Cauca se hubiera dedicado a hacer los esfuerzos que anunció en la COP16, de lograr una mayor cooperación financiera para proteger nuestro degradado entorno; dirán también que los ambientalistas no permitimos a los cañicultores -a través hoy del alcalde de la Sucursal del Cielo- el viejo deseo de enlucirla y haberle dado matiz ambiental a la feria de Cali.

Por su parte, el Ministerio de Ambiente le apostó al impulso a la economía hacia la transformación productiva y competitiva basada en la naturaleza y el traslado de parte de los 20 mil millones de dólares anuales prometidos en Montreal (2022) para el financiamiento de la gestión colectiva de territorios marino-costeros, dulceacuícolas y terrestres; pero los pocos ambientalistas estropeamos esta visión rentística al denunciar que la COP16 y sus Mesas de Negocios, son evidencia más de la monetización de la naturaleza.

También seremos los ambientalistas los responsables de que no se haya logrado abandonar desde 1970 la quema de los cañaduzales del valle geográfico del río Cauca, es decir, quienes desde siempre hacemos activismo sobre problemáticas del entorno y sus recursos naturales, que lesionan a todos los seres vivos, generando masa crítica y tratando de lograr opinión pública, pues aunque el Minambiente emitió el pasado abril una resolución sugiriendo parar las quemas agrícolas, le permitió a la CVC excepcionar a los pirómanos 13 ingenios azucareros de Asocaña.

A propósito, Asocaña anunció en plena COP16 que son una agroindustria cada vez más sostenible y que conectaran 890 kilómetros de corredor biodiverso para contribuir a conservar la fauna que se moviliza por el río Cauca y que dejaran de quemar en 5 años cañaduzales, abandonando esta práctica de la que dependen 4 mil corteros; porque somos los ambientalistas quienes hemos desprestigiado desde 1994 ésta altruista causa, acudiendo desde hace 3 décadas al Consejo de Estado en ingentes acciones constitucionales para que se detenga esta contaminante práctica agrícola que daña el agua, el suelo, el aire, el paisaje, la biodiversidad y la salud de la niñez.

Ahora resultaron ambientales los bancos, las cámaras de comercio y las urbanizadoras, solo que los ambientalistas les impedimos demostrarlo, porque coincidimos con el dictamen del indígena Toro Sentado que en 1868 dijo: “Solo cuando el último árbol este muerto, el último río envenenado y el último pez atrapado, te darás cuenta que no puedes comer dinero", pero aún así salimos a deber, porque no logramos que la Ministra, quien se tornó ambientalista después de haber sido consultora de la Shell Oil Company, revocara la licencia ambiental para construir una base militar en el Parque Natural Isla Gorgona, uno de los biomas más biodiversos del mundo.

También dirán que irracionalmente, un puñado de ambientalistas nos opusimos y evidenciamos a quienes en búsqueda de opciones estatales para materializar el discurso ambiental como modus vivendi, bajo el financiamiento del Ministerio de Ambiente, lograron una juntanza entre organizaciones ambientales y sociales para conformar en la Cámara de Comercio de Cali, la red oficial que canalizará los soterrados anhelos electorales de algunas ambiciosas candidaturas.

Lo cierto es que ha terminado la función del espectáculo, y hay quienes dicen que no logramos los ambientalistas visualizar que una ingente cantidad de personas ahora tendrá una vocación ambiental y abandonaran los automotores, dejaran de usar un número plural de teléfonos celulares, y no volverán a consumir cigarrillos eléctricos.

Mientras tanto los ambientalistas estaremos condenados a andar como errantes por el mundo, cantando el tango de Discépolo (1930) Yira Yira: “Cuando la suerte que es grela, / fayando y fayando / te largue parao; / cuando estés bien en la vía, / sin rumbo, desesperao; / cuando no tengas ni fe, / ni yerba de ayer / secándose al sol; / cuando rajés los tamangos / buscando ese mango / que te haga morfar... / la indiferencia del mundo / -que es sordo y es mudo- / recién sentirás”.
 

24.9.24

ARMANDO PALAU ALDANA
Disertaciones del Crepúsculo
¡En paz o en guerra con la naturaleza!

Armando Palau Aldana, Cali, 23 de septiembre de 2024


La página oficial colombiana de la COP16 dice en su portada: “Al igual que la flor eterna de Inírida, los colombianos hemos aprendido las claves de la resiliencia para alcanzar una paz duradera en los territorios más excluidos del país y en aquellos con mayor riqueza natural. La COP16 no es simplemente una cumbre, es el camino que nos permite movilizarnos a nivel global hacia este propósito común”, los hechos demuestras lo contrario.

Tal como lo advertí en mis Disertaciones, se anunció por las ministras de ambiente y agricultura el reconocimiento de Zonas de Reserva Campesina dentro de Reservas Forestales Nacionales, so pretexto de reconocer el papel del campesinado en la protección de la biodiversidad, para desarrollar una política de agroecología y hacer sistemas de producción y consumo de alimentos, que implica remoción de bosques de reserva.

Los campesinos no se alimentan con la madera de los bosques, por ello la iniciativa ministerial es un atentado contra la biodiversidad y aleve ataque a la naturaleza, en el marco de cambio del gobierno nacional a la política agraria en Colombia reconociendo formalmente las zonas de reservas campesinas dentro de áreas protegidas contra la deforestación, consumando el punible de “Daños en los recursos naturales y ecocidio”.

No se trata de una mera opinión, el Ecocidio está consagrado desde el 2021 en el Código Penal como el punible de destrucción, inutilización, desaparición o causación de impacto ambiental grave o daño a los recursos naturales, siendo pertinente acudir a la Fiscal General para que aborde e inaugure la Unidad Nacional de Fiscalías de Delitos contra los Recursos Naturales y Medio Ambiente, con poquísimos registros judiciales.

De todos modos la Ley 2111 que penaliza la deforestación, contiene patente de corso al tipificarla para quien incumpliendo la normatividad existente tale, queme, corte, arranque o destruya áreas iguales o superiores a una hectárea continua o discontinua de bosque natural, es decir, aquellas deforestaciones menores a 10 mil metros cuadrados están exentas del hecho punible. ¡Así legislan nuestros congresistas!

Una crítica sin propuesta es como un callejón sin salida, por ello debe retomarse la Sentencia SU-288 de agosto de 2022 de la Corte Constitucional, que justipreció que mediante ilegales procesos de prescripción de baldíos se ha facilitado el despojo, la excesiva concentración de la propiedad rural y la apropiación indebida, afectando los derechos de acceso a la tierra del campesinado especialmente mujeres.

La Corte precisó como abrebocas al nuevo gobierno, que los pequeños y medianos campesinos son mayoría en el sector rural, pero tienen en su poder la menor cantidad de tierra, pues solo el 18% de la tierra de propiedad privada inscrita en el catastro es del 75% de propietarios que tienen en su poder microfundios, minifundios y pequeña propiedad, corroborando la privatización de alrededor de 1 millón de hectáreas.

Es en estos predios usurpados en donde se engrosa la ganadería, que deben recuperarse para las Zonas de Reserva Campesina, en donde en vez de pastizales deben levantarse cultivos para la seguridad y soberanía alimentaria de nuestro campesinado como gestión hacia la paz y no el atentado contra la biodiversidad que envuelven las reservas forestales nacionales y regionales, en guerra secundada desde los ministerios.

No puede el gobierno arrojar a nuestros campesinos a ser sujetos de delitos contra los recursos naturales incrementado la violencia del desplazamiento, para que luego su niñez pregunte donde está ladrillo: “Allá en la Penitenciaria / Ladrillo llora su pena, / cumpliendo injusta condena / aunque mató en buena ley. / Los jueces lo condenaron / sin comprender que Ladrillo / fue siempre bueno y sencillo, / trabajador como un buey”, tanto que compusieron Caruso y Filiberto en 1926.